Los planes de Dios para Colombia
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'Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. En esos días, cuando oren, los escucharé. Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme. Sí, me encontrarán —dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”. ' Jeremías 29:11-14 NTV
En los últimos cuatro años, viví en Colombia sin sentir realmente que pertenecía. Mi mente se escapaba a otro lugar, lejos de las raíces. Había una distancia que no era solo física, sino del corazón. Pero hoy, por primera vez, siento que estoy viendo la televisión nacional de verdad, que estoy presente en lo que pasa aquí, en mi tierra. Es un pequeño acto, pero significa que mi corazón empieza a volver a casa.
Y es que volver a casa no siempre es un viaje de avión. A veces es un viaje del alma, uno que toma años, oraciones y paciencia. Hoy entiendo que Dios estaba trabajando en mí incluso cuando yo no sentía esa conexión. Me estaba preparando para este momento, para que pudiera ver a Colombia no con los ojos del pasado, sino con la esperanza de lo que viene.
Creo que los cielos se están abriendo sobre Colombia. Como en la visión de Jacob, donde vio una escalera que unía el cielo y la tierra (Génesis 28:12, NVI), percibo que Dios está actuando en nuestra nación, moviéndose en las esferas celestiales y trayendo un nuevo tiempo. Así como Jacob despertó transformado por aquel encuentro, creo que Colombia está despertando a una nueva temporada, una donde el cielo toca la tierra y todo empieza a alinearse con el propósito de Dios.
Oro creyendo que termina una temporada de oscuridad y comienza una de esperanza. Que Colombia se alinee con los principios del Reino de Dios: justicia, paz y verdad. Porque Él tiene para nosotros pensamientos de bienestar y no de calamidad, para darnos el futuro que esperamos (Jeremías 29:11, NVI). Esta promesa no es solo para individuos, es para naciones enteras que se vuelven a Dios con corazón sincero.
Y creo que esto no es casualidad. Dios permitió este tiempo de cautiverio, esta temporada de distancia y oscuridad, con un propósito: que lo buscáramos y lo encontráramos de todo corazón. Jeremías 29:11-14 (NTV) nos recuerda que Dios tiene planes de bien para nosotros, que escucha cuando oramos, y que se deja encontrar por quienes lo buscan con todo el corazón. Y promete algo aún más poderoso: que pondrá fin a nuestro cautiverio, restablecerá nuestro bienestar, y nos reunirá de vuelta a nuestra propia tierra. Eso es exactamente lo que siento que está pasando hoy, tanto en mi corazón como en Colombia: el final de un cautiverio y el comienzo de una restauración.
Oremos por nuestro presidente. La Palabra nos exhorta a interceder por quienes ejercen autoridad (1 Timoteo 2:1-2, NVI). Que Dios lo proteja, lo guarde, lo fortalezca y lo guíe cada día durante su mandato. Que sea un instrumento de la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios (Romanos 12:2, NVI) para el bienestar de Colombia. La oración no es un acto pasivo, es una forma de involucrarnos activamente en el destino de nuestra nación, confiando en que Dios escucha y responde.
Y con esa certeza, seguimos adelante, confiando en que Dios guiará cada paso de nuestro país, hasta que esta patria sea un milagro latinoamericano. Un milagro que el mundo no pueda explicar con lógica humana, sino que tenga que reconocer la mano de Dios obrando. Colombia, tu mejor capítulo está comenzando a escribirse.
🇨🇴🙏
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"¿Qué afirma entonces? «La palabra está cerca de ti, la tienes en la boca y en el corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo."
Romanos 10:8-10